Dignidad humana

27.2.11

¿Qué es eso de enamorarse?

Algunas ideas para los jóvenes y para todos.

A dos jóvenes amigos les ocurrió algo parecido hace unos cinco años: los dos querían mucho a sus respectivas novias, pero se vieron en la obligación de cortar para poder mantener su integridad humana y cristiana. Como es lógico, existirán casos en los que sean las chicas las que actúen del mismo modo por similares motivos. Uno de esos chicos, después de unos meses, encontró otra novia fantástica que es ahora su mujer. El otro chaval terminó una carrera brillante y estudia ahora con una alegría tamborilera en un seminario para ser sacerdote.


DIFERENTES Y COMPLEMENTARIOS.

En nuestro mundo, una de las diferencias complementarias más fascinantes es la que existe entre la feminidad y la masculinidad. Sin diferencia no habría complementariedad pero...¡caramba, qué diferencia! Esto viene a cuento de la actual percepción de los jóvenes, y no tan jóvenes, de la sexualidad humana. Esta dimensión de toda la persona se ha hecho banal, en muchos casos, pasando a ser una especie de interesante juego con riesgos. Pero quien juega con fuego se acaba quemando.

Parece importante redescubrir qué es el amor, una multiforme realidad que nos afecta profundamente. La pregunta de un joven: -¿Hasta dónde puedo llegar con mi novia?, fue respondida así por un profesor: -¿Hasta dónde puedes llegar con tu abuela? Quiere mucho a tu novia como novia, a tu abuela como abuela, a tus amigos como amigos, a tus padres como padres, y –cuando te cases- a tu esposa como esposa. En todas las dimensiones del amor hay un factor común: el respeto y la afirmación de la identidad de la persona querida según nuestra relación real con ella. El pensador Joseph Piepper escribió: “Querer a una persona no es quererla para mí, sino querer lo mejor para ella”. Por esto el verdadero amor hace que seamos mejores personas. En todo amor verdadero se da una afirmación de la identidad de la persona querida y, por tanto, un respeto permanente.

La moralidad de un acto requiere que sean morales el acto en sí mismo, la intención y las circunstancias. Las relaciones sexuales conllevan la posibilidad de traer un nuevo hijo al mundo. Esto requiere que las circunstancias adecuadas sean las de una situación estable, responsable y capacitada; es decir: un matrimonio, una esposa y un esposo unidos. Esto es lo que pide el ser de cada hijo, tan necesitado de alimento como de estabilidad familiar. Por tanto, por mucha afectividad mutua que exista, las relaciones sexuales extramatrimoniales prometen dar algo, en una cuestión de vital importancia, de lo que no se pueden hacer responsables.

El recurso a la anticoncepción supone una actitud claramente contraria a la naturaleza. “Dios perdona siempre, los hombres algunas veces y la naturaleza nunca”, dice la sabiduría popular. Fomentar ese tipo de actos genera hábitos que encadenan la conducta y la propia psicología. El verdadero amor es el que da fruto. Alguien podría preguntarse qué diferencia moral existe entre el llamado uso del matrimonio en periodos no fértiles de la mujer y el empleo de preservativos. En el primer caso, debido a motivos graves y temporales, los esposos asumirían la paternidad en caso de un embarazo no previsto. En el segundo caso se excluye de raíz la procreación, parte nuclear de la finalidad sexual matrimonial (Cfr. “Amor y responsabilidad”. Juan Pablo II). Lógicamente, no hablamos ahora de los matrimonios que por alguna deficiencia biológica no pueden tener hijos. Ellos quizá pueden saber mejor que nadie que la paternidad o maternidad no sólo se ejerce biológicamente.

El planteamiento descrito antes hace necesaria una adecuada educación de la sexualidad. Suelo decir a mis alumnos que si ven a algún colega que exhibe imágenes de personas que carecen de todo pudor le pregunten –educadamente y sin ánimo de herir- si le parecería bien que un familiar próximo a él adoptara ser modelo de tales imágenes. Inmediatamente se demuestra que el ámbito familiar redimensiona la sexualidad a su perspectiva más humana.


LAS VIRTUDES

La educación a lo largo de toda la vida requiere el ejercicio de virtudes: hábitos operativos buenos. Hoy se habla más de valores, lo que no me parece muy acertado. Los valores se refieren más a la impresión subjetiva que provoca una determinada conducta. Se habla de “tus valores” y de “mis valores”. No se menciona “tu código de virtudes” y “mi versión de las virtudes”. Esto ocurre porque las virtudes tienen como fin un bien real objetivo y no sólo una sensación de afección o desafección. Pienso que los valores han de considerarse como consecuencia de las virtudes.

Las virtudes cardinales, etimológicamente significan virtudes-quicio, siguen siendo la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Cuando una puerta se desquicia, su relación con el exterior se hace muy complicada. Por el contrario, si el giro personal que abre nuestra persona a la realidad es el correcto, surge la armonía con el mundo.

Pienso que hay personas, actualmente bastantes jóvenes, que consideran la sexualidad como algo muy atractivo pero, en el fondo, turbio. Se trata de un planteamiento inhumano y profundamente anticristiano. La sexualidad es una realidad muy noble sin la que ninguno existiríamos. El amor conyugal requiere la mutua entrega, donación y ayuda de los esposos, y la procreación. Los hijos son amor que se hace persona. Los ojos de los padres se encuentran en los de los hijos: es entonces cuando se ve con claridad el sentido de la sexualidad en el amor humano.

¿NOSTALGIA O REALIDAD?

Mucha gente recordamos y vivimos con simpatía las entrañables y misteriosas Noches de Reyes Magos, donde pensamiento y realidad casi se identificaban. También hemos visto a familiares con cucuruchos de colores en la cabeza, rodeados con mesas llenas de hamburguesas, ketchup, patatas fritas y bebidas refrescantes en fiestas de cumpleaños. Las clases medias hemos dado mucho de sí en esto de celebrar la vida con manteles de colores, matasuegras e idas y venidas a las casas de los primos y los tíos.

En recientes tiempos bárbaros los chavales escalábamos riscos y nos zambullíamos en aguas pantanosas a la búsqueda de sapos e, incluso, osábamos pasárnoslo bomba yendo a cazar jilgueros, sin la más mínima intuición de delito ecológico. Hoy se desea no estropear la naturaleza; salvo la de los propios chavales tomando alucinógenos en las discotecas, y la de las chicas recibiendo peligrosas descargas hormonales tras la ingesta de la píldora del día después, dispensada benéficamente por algunas autoridades públicas.

Con una lógica demencial se extiende la idea del preservativo como una suerte de remedio mágico, tratando a los jóvenes como si tuvieran mentes inferiores a las bovinas y espíritus que desmerecerían de un honesto mandril. No pueden entender algunas autoridades partidarias de la sima mental y la depresión que, como decía Chesterton, la pureza es el mejor ambiente para la pasión. No alcanzan a concebir la idea de la concepción como un amor que se hace pureza y, por eso, vida. No pueden entender estos prosélitos de la esterilidad que la vida es algo mucho más grande que ellos mismos. Parecen desconocer que por encima de la calidad de vida está la vida de calidad –como afirmaba el profesor Antonio Ruiz Retegui- y, por esto, el esfuerzo, el autocontrol, e incluso el dolor pueden tener un sentido profundo en la biografía humana.


VALENTÍA FAMILIAR

Un matrimonio atravesaba una cierta crisis, no muy aguda. Por ser sus amigos hablaron de este problema con Stephen R. Covey, conocido como “el Sócrates americano”. En un momento de la conversación Covey, buscando revitalizar la mutua comprensión y ayuda de los cónyuges, les preguntó qué habían hecho para tener hijos. El marido interpelado contestó: -Usted lo sabe perfectamente. Entonces Covey concluyó: -Valoraron la diferencia. Una y otra vez la solución está en afrontar con valentía el mundo de los demás

Cualquier ciudadano entrado en carnes y desentrenado brama, como Bravehearth –héroe medieval escocés llevado al cine por Mel Gibson-, ante su hija en peligro; desarrolla una agilidad superior a la de Spidermann para llegar al hospital en que han ingresado a su mujer que pasa por un apuro, y prefiere cien veces la vida de su hijo enfermo que la suya propia. Y ante esta verdad profundamente humana, sin embargo, surgen periodos de la historia que recurrentemente olvidan la categoría fantástica del hombre y se caracterizan por una ignorancia, chabacanería y apogeo del cinismo, en el que se esconde su no muy tardía destrucción. Porque llega un momento en que no se puede seguir manteniendo por más tiempo una mentira en el fondo del corazón y se anhela resucitar; resucitar a la vida, a la compañía, a la fidelidad, al hogar.

Lo que es de vital importancia es que los partidarios de la vida no dejemos de sembrar referencias para que quienes quieran, puedan volver a sonreír y sentirse queridos, aceptados por algo que jamás se podrá extinguir: la familia; la familia que da vida. Toca a todo hombre y mujer de bien volver a poner a la familia en el lugar socialmente reconocido y políticamente respaldado que se merece.

A LOS JÓVENES CON BAJÓN

Quizás hayas pensado alguna vez que eres un o una “pobre idiota” que no va a dar mucho de sí. Tal vez no veas un futuro profesional claro y, quizá, tampoco goces de una situación familiar y académica adecuada. Pero también sabes que tienes amigos y gente que te aprecia y que siempre encontrarás la opción alternativa a la del “lado oscuro”: la de la luz. Es posible que si te digo que eres una hija o un hijo del Gran Rey, no me creas.

Aunque no estés de acuerdo, tú vales mucho, no porque lo digas tú o, mucho menos, yo, sino porque sencillamente hay verdades eternas, más profundas que nosotros mismos y, a la luz de ellas, somos y nos podemos sentir importantes. Cuando nos sabemos queridos de verdad, es cuando nos sabemos buenos y es cuando somos generosos y nos damos a los demás con gozo. Entonces empezamos a girar alrededor de las necesidades ajenas y renace, como un chorro de alegría, las ganas de vivir. Pero hace falta ayuda, humildad y sacrificio –tampoco tanto-. Tú decides.


José Ignacio Moreno Iturralde

23.2.11

Fallece el Dr. Bernard Nathanson

El día de ayer, a los 84 años de edad, falleció el Dr. Bernard Nathanson por un cáncer que lo aquejaba, un hombre que luego de haber sido uno de los promotores del aborto se convirtió y contribuyó grandemente a la causa provida.Pidamos para que el Señor lo acoja y de consuelo a sus familiares.

20.2.11

Tomismo, educación y juventud

¿Qué puede ofrecerle un dominico del siglo XIII a un joven del siglo XXI? Parece una cuestión no muy fácil de responder. ¿Era Tomás de Aquino guapo, divertido, un “crak”? Eudaldo Forment, uno de sus más ilustres biógrafos, insiste en su buena presencia: Tomás era un hombre grande, fuerte y parece que algo rubio. De temperamento reservado, no se prestaba a hablar mucho. Por estos motivos sus compañeros de estudios le apodaban el “buey mudo de Sicilia”. Era italiano, pero su estilo de vida no le permitía estar a la última en moda. Sin embargo, fue una persona -un joven y un adulto- intensamente feliz. Su inteligencia era inmensa. Tenía en la mente una especie de bomba atómica intelectual y por esto su doctrina se asemeja a una central nuclear de energía que ha iluminado a occidente y al mundo entero hasta nuestros días.

Su familia era de alta posición. Cuentan del pequeño Tomás que, con cuatro años, andaba por los pasillos de su casa-castillo en Roccasecca repitiendo:”¿Quid est Deus?”¿Quién es Dios?... Mucho más tarde, momentos antes de la muerte de Tomás –ocurrida cuando tenía 49 años-, el sacerdote que atendió al eminente y reconocido sabio comentó lacónicamente:”Ha sido la confesión de un niño”.

Amar la verdad

Tomás de Aquino estaba vitalmente a favor de que el mundo es bueno y el hombre muy bueno –cuando quiere-. El universo se le presentaba como un inmenso videojuego real del que había que desentrañar miles de misterios y posibilidades. Creía firmemente en que la verdad hace posible la libertad y, por este motivo, no tuvo ningún escrúpulo en aceptar la verdad viniera de quien viniera. En sus obras cita constantemente a Aristóteles, quien no fue cristiano – hace XXV siglos no era asequible serlo, al menos explícitamente- y a otros autores paganos, ante el recelo de algunas autoridades académicas de su época.

Investigó apasionadamente la verdad de la realidad con la misma ilusión que los buscadores de oro. Tenía una firme convicción en que la razón humana estaba adecuada a la verdad de la realidad. Al mismo tiempo se daba cuenta de que el mundo era mucho más grande que nuestra inteligencia. Creyó y entendió, como con posterioridad Chesterton diría, que toda la lógica pende de un gran misterio. Por esto, además de demostrar de modo notorio, metódico y lógico la existencia de una primera causa trascendente al mundo -a través de cinco sesudas vías o pruebas- encajó magistralmente la razón y la fe; la Filosofía y la Teología, con la ayuda de Dios. Como si de un arco románico se tratara vislumbró que la verticalidad del hombre se completaba y adquiría sentido con la cúpula del cielo, haciendo del mundo un hogar.

Desenmascaró miles de errores con la pura razón, siendo extremadamente caballeroso respecto a las personas que habían sostenido equivocaciones, con una excepción: llamó a un escritor –eludimos su nombre- “stultissimus” –algo así como tonto de remate- por afirmar que Dios –el ser supremo y pleno en actualidad- se identificaba con la materia prima –la pura indeterminación-.

Un torrente de ilusión

Su prestigio académico internacional fue notorio, hasta el punto de que el rey San Luis de Francia quiso agasajar a Tomás -que había impartido brillantes lecciones académicas en la universidad de París- con una comida donde se dieron cita personalidades destacadas del momento. Tomás, totalmente abstraído del mundo que le rodeaba en aquel encuentro, prosiguió razonando sobre uno de problemas intelectuales a los que daba vueltas con la misma fruición que un goloso degustando bombones de licor. Al margen de toda la parafarnalia de la corte pegó un poderoso puñetazo en la mesa, ante el asombro de todos los comensales, excepto de uno. El rey francés, que le conocía bien, ordenó al punto traer pluma y pergamino para Tomás, quien con notoria satisfacción exclamó: “Ya tengo el argumento contra los maniqueos”. Se acababa de percatar de que el mal no puede subsistir por sí mismo; no puede tener la misma fuerza que el bien, frente a lo que decía la secta maniquea. El mal, en todo su pavoroso conjunto, no es más que desorden. El bien de los seres es una apoteósica arquitectura de verdad, armonía y sentido; el universo es como una inmensa bóveda de cañón con cruceros y ábside abiertos a la luz. Los males son la herrumbre y los vacíos –de importancia trágica- en una gloriosa construcción; pero no son nada en sí mismos. El bien, en toda su gradualidad de realidades, tenía más orden que materia, más finalidad que orden y más misericordia que cálculo. Algo similar a lo que se dice de la catedral de León: tiene más vidrio que piedra, más luz que vidrio y más fe que luz.

La ilusión de los arqueólogos al descubrir las joyas de un faraón o la de los niños al levantarse el seis de enero y ver los regalos de los Reyes Magos, es la que llevaba a Tomás a bucear en los arcanos de las leyes de la vida con un orden mental riguroso y una apertura de posibilidades asombrosa a la hora de resolver problemas.

Esta semblanza podría llevar a la idea de un cierto angelismo e ingenuidad para lo vital en Tomás. De angelismo si podemos sospechar ya que escribió un extenso tratado sobre los ángeles, que le valió el título de Doctor Angélico. Los ángeles, contra lo que pueda parecer, son más atractivos que los duendes o que las leyendas más inverosímiles porque quienes creen en ellos los consideran seres reales y los que no les dan crédito no se resignan totalmente a ser unos desangelados. Respecto a su ingenuidad hay una conocida anécdota de su juventud. Dada su mansedumbre y capacidad de escuchar, otro estudiante de su colegio le comentó: “Venid Tomás a ver un burro que vuela”...Acudió raudo nuestro joven pensador que, aunque parco en palabras, dijo algo significativo después de las carcajadas de su compañero: “prefiero pensar que un burro vuela a que un hermano mío me mienta”.

El núcleo de su filosofía

Dios está en el mundo sin confundirse con él , del mismo modo que un rayo de luz está en un lago sin mojarse. O, si se prefiere, el Ser supremo está en el mundo de un modo análogo a como un proyector está en la proyección de una película. Cada cosa tiene un ser y una esencia -o modo de ser- distintos entre sí; porque el único en quien ser y esencia se identifican es Dios.

Chesterton lo dijo a su manera: “El mundo es una novela donde los personajes pueden encontrarse con su autor”. Tomás tenía otro estilo, del que intentaremos dar una breve pincelada de un modo divulgativo: No somos grandes vegetales ni pequeños dioses; somos hombres. Como ya dijo Aristóteles, el ser se dice de muchas maneras. El ser que es por sí mismo –“Yo soy el que soy” ,Yahvé” (Ex 3,13-14)- hace participar a los seres creados del asombroso mundo de la existencia, según la naturaleza de cada uno. El Ser supremo se identifica con su inteligencia y con su voluntad; es decir: su inteligencia y voluntad son capaces de crear. Cada cosa tiene un vestigio de Dios; el hombre –por ser racional y libre- tiene la imagen divina. Digamos, por ejemplo, que un vestido de mi hermana tiene semejanza de vestigio respecto a ella y que una foto suya tiene semejanza de imagen. La participación en el ser de Dios hace del cosmos una familia relacionada.

Una sola persona vale más que todas las galaxias pero, ni por esas, somos necesarios en el sentido metafísico del término. Ya lo dijo una artista “La vida es como un jardín prestado; espero haberlo cuidado bien”. Dios ha querido, libremente y sin necesidad ninguna, crear un universo para que otras personas participen de su felicidad: somos porque Dios nos quiere.

Tomás vio sinergia en la relación entre fe y razón, no oposición. Por este motivo su libro principal fue el crucifijo: la inefable respuesta de Dios a un mundo querido pero roto. Ocurre entonces, con una dinámica supranatural, que la relación entre Dios y el mundo se invade de una alegría blanca y radical que solo las penas de nuestra vida mitigan, para hacernos madurar.

El mundo, la carne y la juventud

De todos modos, las especulaciones de Tomás de Aquino y su vida serena dentro de conventos pueden parecer muy distintas de nuestro mundo acelerado, de las explosivas noches de movida juvenil, y del culto a la imagen y al cuerpo tan al cabo de la calle. Pienso sinceramente que no es así. No consta que Tomás de Aquino supiera esquiar pero valoraba en mucho la nieve, los árboles, los ríos y todo lo real...¡Cuanto más valoraría a la persona humana! Tomás sabía que el culto no es para el cuerpo sino el cuerpo para el culto; para el amor. La corporeidad humana la entendía transida del valor y dignidad de un alma libre e inmortal. El cuerpo adquiere así su mayor atractivo porque posiciona un espíritu con personalidad propia, con virtudes, con iniciativa, con una visión positiva de la vida y un realismo propio de cada edad. Un realismo que hace avanzar en grados de sabiduría a lo largo de la vida.

Tomás, en sus ratos de reflexión y de alegre convivencia, valoró más la compañía que la comunicación, sin desdeñar a esta última. Le fueron gratas tantas imágenes que le servían de puentes levadizos para entender el por qué de los seres y de sí mismo; pero él no funcionó de cara a la galería. Desde sus pensamientos en claustros y en aulas universitarias, su férrea disciplina mental y su vida de austera pobreza construyeron una cosmovisión que ha sido mundialmente valorada y definida por la Iglesia Católica –Universal- como la metafísica natural del conocimiento humano. Juan Pablo II, de acuerdo con sus predecesores, afirmó que el pensamiento de santo Tomás “alcanzó cotas que la inteligencia humana jamás podría haber pensado. (“Fides et ratio”, 44).

Hoy, desde nuestra vertiginosa sociedad de la imagen y de la comunicación no está la solución –al menos para una gran mayoría de personas- en retirarse a vivir a idílicos lugares de paz; aunque sea bueno y bonito conocerlos. Lo que si parece conveniente es tener un castillo amurallado en la personalidad. Esta valiente fortificación empieza a construirse por una sólida educación de la mente y de la voluntad. Profesores que conozcan bien la obra tomista, asimilándola personalmente y enriqueciéndola con otras valiosas aportaciones, pueden ayudar a conectar la austera y rigurosa lógica del tomismo con las aspiraciones más profundas y actuales de la persona humana. Tomás de Aquino ha dicho mucho con su vida y con su obra; pienso que muy especialmente a la juventud, con la que siempre quiso estar.


José Ignacio Moreno Iturralde

15.2.11

¿Jaquecas tensionales?

Pruebe a mascar chicle; no es broma.

12.2.11

El conocimiento de la verdad

Nuestro ámbito de movimiento diario no parece contener demasiados secretos. Sin embargo, si una mágica fuerza nos elevara por encima de la atmósfera y nos sacara del sistema solar veríamos nuestra casa, incluso nuestro lugar de trabajo, con una morriña gallega. Si otra fuerza contraria, no menos enigmática, nos hiciera minúsculos y nos introdujera en las agobiantes angosturas del mundo subatómico apreciaríamos muy de veras la “enorme” habitación en la que descansamos por la noche. Estas fuerzas antagónicas convergen en nuestra inteligencia, es decir: en la posibilidad que tenemos de ponernos en el lugar de la realidad. Sólo cuando encontramos un sentido del universo podemos estar bien con nosotros mismos. Necesitamos mirar a las estrellas de vez en cuando, aunque resulte más apremiante arreglar el lavaplatos.


El mundo que nos rodea

La reflexión sobre el inalcanzable sendero de la historia o el misterio del cosmos y de la propia vida es el caldo de cultivo adecuado para buscar la verdad. Sin enigmas que resolver no hay verdades que buscar. Ciertamente la pericia de un electricista, la buena mano de un cocinero o el regate certero de un buen jugador de fútbol ofrecen una gran satisfacción, sin necesidad de suponer un poderoso reto intelectual. Es más: sin estas destrezas físicas podríamos acabar en babia o en locura. ¿En que quedamos entonces?...Las fantásticas habilidades domésticas, profesionales o deportivas pueden agostarse o desaparecer por el peso de la rutina o de los años. Una buena interpretación del mundo es el marco adecuado para renovar nuestras mejores capacidades, aunque sean discretas como un pase preciso que hace posible el gol.

El encontrarse a gusto con el mundo, a diferencia de lo que le ocurre a un alegre jilguero, no puede eludir el ejercicio de la razón. Dejar la inteligencia destartalada en el cajón de los trastos viejos es como salir de un submarino a cien metros de profundidad sin bombonas de oxígeno. El asombro ante el mundo no es sólo la admiración por una mujer especialmente bella sino también el pasmo ante realidades duras que hay que afrontar. La casa en la que de niño fui feliz con mi familia puede ser que un día tenga que dejarla completamente vacía, para venderla. Los hay, y parece que son muchos, que no tienen ni casa. La clave de bóveda está en encontrar el ángulo que une el enamoramiento respecto de la persona amada con la pérdida del inmueble inolvidable. Y esa arquitectura se encuadra en la cruz; sin ella se viene abajo el amor y el hogar, el suelo de la vida.

Empecemos por el principio, que puede ser también el final: Arriba, abajo, derecha, izquierda...Las cosas me llaman la atención porque son verdaderas. Sólo quien está loco, o actúa como un egoísta de competición, considera que su interés es fuente de veracidad del mundo. Lo duro de esta reflexión es que ninguno somos inmunes a esta locura o a este egoísmo, en mayor o menor grado. Por este motivo el conocimiento de la verdad va parejo con el ejercicio de la honradez. Conocer la verdad de las cosas, ponerlas cada una en su lugar, es costoso con frecuencia.

Si la verdad no nos hace libres la libertad no puede hacernos verdaderos. Tener dos pulmones y un corazón no es una carga, sino una naturaleza con la que puedo cargar las cosas de la vida. Precisamente la verdad de la naturaleza propia es la que tengo que cuidar para ser racional, libre y feliz.


Abrir la mente

Desde hace siglos el razonamiento científico experimental ha resultado mucho más ventajoso que el especulativo: los conocimientos médicos y tecnológicos son un ejemplo de eficacia abrumadora. Estos factores han llevado a un cierto cansancio respecto a la reflexión teórica del mundo.

Sin embargo no es menos cierto que actualmente están en crisis valores tan importantes cómo la dignidad de toda vida humana y el sentido de la familia. Nos damos cuenta de que muchas nociones, antes comúnmente admitidas, son ahora objeto de polémica. Por todo esto es importante recuperar e innovar ideas de vital importancia sobre la realidad y la sociedad que han sido fruto de innumerables esfuerzos a lo largo de la historia. El mundo actual ha mejorado en muchos aspectos pero en otros tenemos que reaprender a vivir de un modo más humano. El camino de la más genuina Filosofía, como la de Sócrates, ha sido siempre el de abrir la mente a la realidad y hablar sin miedo con lógica y honradez.

Vamos a poner algunos ejemplos: a) El alma humana no es solo una consideración religiosa. Se trata de una noción filosófica y biológica: un principio motor de vida, una evidente estrategia de crecimiento; una “hoja de ruta del ser vivo” que en el caso del hombre tiene posibilidades racionales. b) La inmaterialidad del conocimiento intelectual no es un asunto medieval: Puedo pensar en un incendio sin que me arda la cabeza o reflexionar sobre los esquimales sin sentir frío. c) La ley natural no es algo superado, pueden creerme: tomen una tarta con precaución y estámpensela sin saña a un viandante europeo. Posteriormente vuelen a Tanzania y repitan la operación con un aborigen. En ambos casos tendrán muchas probabilidades de acabar con un ojo morado, si bien también será golpeado el cansino relativismo que nos invade.

Ampliar el mundo

Se ha hecho popular la expresión “es lo que hay” para afrontar con sereno realismo el día a día. Ahora bien... ¿Qué es lo que hay? Si pensamos un poco nos damos cuenta de cosas fantásticas: Nuestro nombre y apellidos son la vanguardia de un linaje milenario. El latoso teléfono móvil que usamos es una de las muchas consecuencias de la historia de la investigación humana. Las venas de mi peludo brazo me hermanan con algún simpático y allegado Cro Magnon. Hoy estamos trenzados con un pasado remoto; convendría tenerlo más en cuenta. El tiempo es una paradójica realidad donde se entrelaza el pasado, el presente y el futuro en la propia vida personal. El presente, decía Lewis, es el punto de encuentro entre el tiempo y la eternidad. Tenemos más posibilidades de las que parece a primera vista: Cada persona es capaz de ponerse en el lugar del otro; por eso cada hombre representa a la humanidad. Siempre recordaré un periódico en el que aparecía la cara de gran alegría de varios bomberos cuando sacaban viva a una chiquilla, entre los escombros de un terremoto. Esa capacidad de comprender la realidad, especialmente a sus semejantes, es lo que lleva afirmar a Spaemann que el ser humano es un símbolo del absoluto. Estamos “conectados en red” no solo con toda la historia sino con el más allá que trasciende la historia, cuya claridad está en este mundo como la luz en un lago, sustentándolo en su ser. Caer en la cuenta de esto supone una revalorización inmensa de nuestra vida concreta. Cada persona es única e irrepetible, pero esa individualidad se enriquece inmensamente si es capaz de darse más y más cuenta de muchos e importantes factores que hacen posible su existencia. Gestionar lo que elegimos es importante; pero sacar el máximo partido a lo que nos toca es también de mucho interés. Se puede soñar con la realidad y aumentar en un realismo optimista. Del encuadre que hagamos de lo que nos ocurre depende mucho la veracidad de nuestra biografía.

Los argumentos de autoridad

Si un astronauta en un paseo espacial encuentra una botella ingrávida que contiene un mensaje no podría sobreponerse a la curiosidad y la abriría inmediatamente. Si ese mensaje fuera el trozo de un mapa del universo la cosa se pondría muy interesante, aunque se tratara de la broma de un marciano. Si otro astronauta, en distinta misión galáctica, encontrara una nueva botella ingrávida con otro mapa cósmico complementario al encontrado anteriormente por su colega, las misiones espaciales se convertirían en una fabulosa versión del juego de la búsqueda del tesoro. Podrían tratarse de mensajes falsos, pero su contenido sería portada en todos los medios de comunicación. Desde luego si tuvieran un mínimo de rigor comenzarían a ser tenidos en cuenta por la comunidad científica.

Desde hace mucho tiempo sabemos que la tierra no es el centro del universo y que nuestra galaxia es una entre miles. Desde hace más tiempo todavía conocemos que sabemos muy poco, aunque cada vez sepamos más cosas. Sin embargo, los argumentos de autoridad tienen hoy poca acogida en la opinión pública, salvo que se refieran a la salud o al dinero. Ciertamente si una conversación o un debate que se redujera a espetar argumentos de autoridad sería insufrible; pero de ahí a negar cualquier tipo de argumento de autoridad sobre el sentido del mundo y de la moral hay un abismo. Por esa grieta profunda se despeñan muchos de nuestros contemporáneos. A algunos les parece que dejarse ayudar por quien sabe más es una falta de personalidad; sin embargo se trata de una falta de inteligencia. Pretenden saltar de una azotea a otra como el personaje de Neo en la película de Matrix; pero la realidad no es matrix y el tortazo es de mucho cuidado.

Si alguna institución o personalidad histórica nos traza un planteamiento del sentido de la vida de probada virtud es de locos no examinarlo con detenimiento. La autoridad verdadera potencia la verdadera libertad. Nuestro mundo occidental ha enloquecido de desconfianza respecto a los argumentos de autoridad. Ante realidades que engloban un misterio insondable muchos parecen insonorizan los oídos y cegar los ojos. Por esto es bueno recordar que sin autoridad no hay autor, ni trazas, ni sendero, ni designios: La racionalidad humana se convierte en una botella insignificante que se extravía en el espacio.


Con la verdad y el mundo por montera

Las atrocidades de Aüschwitz y de Katin son verdad, pero no son toda la verdad. El espíritu humano está hecho a prueba de bomba. Por otra parte, el impulso de vida que configura el fabuloso conjunto de verdades del universo tiene una consistencia entitativa de una intensidad insondable. La Luz de la luz no es captada por nuestros sentidos; pero esto se debe a su excesiva fuerza, no a su debilidad. Sin embargo, la inteligencia humana puede ir más allá de los sentidos corporales y apelar al sentido común que tiene mucho que ver con la humildad intelectual. Desde esta situación podemos encontrar la sencilla verdad de nuestra vida, con sus penas y alegrías. Esta vereda llega a resultar paradójica cuando se entiende que es la verdad la que nos busca a cada uno. Puede que, en ocasiones, queramos huir de ella, pero será porque hemos desdibujado sus facciones. La verdad es siempre esperanzadora porque nos trae consigo la paz y la felicidad.


José Ignacio Moreno Iturralde

11.2.11

Trailer Película "Encontrarás dragones": Estreno 25 de marzo

Una impresionante película sobre la guerra civil española y la necesidad del perdón.

Web Película "Encontrarás dragones": Estreno 25 de marzo