Dignidad humana

29.11.04

Jóvenes en defensa de la vida humana

Junto a gran cantidad de cosas buenas de este mundo encontramos también otras lamentables: guerras, formas de racismo y muchos otros modos de injusticia. Bastantes de estos problemas tienen a muchas personas en jaque buscando soluciones. Existe una excepción de capital importancia pues se refiere al comienzo de la vida humana: la realidad del aborto y la manipulación de embriones humanos. Se extiende con fuerza por todo el mundo una mentalidad materialista que pretende reducir al embrión humano a un objeto abortable y utilizable.

Claro que comprendemos los apuros de una mujer embarazada y los deseos de descendencia de parejas no fértiles. Pero esta comprensión no puede hacer olvidar la realidad de millones de vidas humanas que son destruidas “legalmente” en nuestro mundo. Es duro constatarlo pero detrás de este impulso contra la vida se esconden burdos intereses económicos de las clínicas abortistas y de fertilidad. Junto a ellos se extiende un falso concepto de libertad y autonomía personal en nombre del que se pretende legitimar el derecho de matar al niño que viene de camino.

Por otra parte, frente a la evidencia de los resultados clínicos satisfactorios con células madre de tejidos adultos –que no tienen ningún reparo ético- se insiste en la absurda necesidad de destruir embriones congelados, en vez de intentar por todos los medios que dentro de cinco años estén montando en patinete.

Sólo en España, desde que se legalizó, se han practicado alrededor de 800.000 abortos voluntarios. Respecto a los embriones humanos congelados en nuestro país se habla de hasta 200.000.

La causa de la defensa de la vida humana merece la pena: la dignidad y la nobleza del verdadero progreso humano frente al poder del dinero y de la mentalidad materialista. No es una tarea fácil: sólo pueden abordarla espíritus intrépidos y jóvenes. Este empeño es un empeño de paz. No queremos caer jamás en el engaño de la violencia. No se trata de buenos y malos, sino de vivos y muertos. El único enemigo es el error y lo vamos a vencer.

Trabaja con empeño, sé un buen profesional y siente sobre ti la responsabilidad actual de todo hombre de bien, sea cual sea su credo y su color: ayudar con esfuerzo y tiempo personales a crear un mundo más humano, más familiar, donde cada hombre –también el que va a nacer- sienta el calor y el apoyo de sus semejantes.

José Ignacio Moreno Iturralde

Así es la vida

Algo muy presente en nuestros días y de lo que se habla mucho en educación, en política y en la empresa son los valores. Valores conocidos por todos como: La paz, el amor, la generosidad, la alegría, la solidaridad, la fortaleza, la fidelidad, la amistad, la tolerancia, igualdad, el compañerismo, la vida, la familia, la entrega, la honestidad, la sinceridad, la trascendencia, el respeto, la compresión, el orden, la audacia, el consenso, la misericordia, la veneración por los mayores, los ideales altos,…En muchos casos se les pone un apellido para especificar de que tipos de valores se esta hablando: valores democráticos, valores humanos, etc. El caso es que los tenemos tan presentes en nuestra sociedad que se habla de educar en valores, como queriendo decir que es importante inculcarlos.

Pero ¿qué es un valor? Porque se habla de ellos pero no nos acercamos a su pleno sentido, por lo que no nos damos cuenta de si son un cuento chino o de si son algo realmente necesarios para el Hombre. Un valor es dar importancia a una realidad humana, tan propia del Hombre, que nos hace diferenciarnos de cualquier forma de vida. Y lo que nos diferencia, es que nosotros necesitamos motivos para vivir o para darle un sentido a nuestra vida. Y este sentido o motivos para la vida son los valores humanos.

La muerte de un ser querido, una muestra de verdadera amistad o de verdadero amor, a una persona que tiene muy inculcados los valores humanos, no le dejaran indiferente estas tres situaciones tan humanas. Le harán reaccionar de una forma muy humana.

Además la vida humana se nos presenta como un continuo progresar -comenzar y recomenzar- por alcanzar estos valores humanos. Y es que la vida humana es un continuo crecer en todas las dimensiones del hombre, pero sobre todo en su dimensión humana. Y esta dimensión humana, que la componen los valores humanos, es lo que da sentido a lo que entendemos por Hombre, en su doble manifestación: mujer y hombre. Y a su afán por alcanzar el bien que más queremos la Felicidad, valor de los valores.

Por tanto no podemos ser indiferentes a los valores, por que la persona que lo hace será alguien para la que tenga sentido vivir.

Alvaro Gil Ruiz.

Educar en un talante democrático

Lo "bueno" que tiene la Dictadura -lo malo ya lo sabemos- es que hay alguien que dice lo que tienes que hacer. Es decir, no hay que ponerse de acuerdo para tomar una decisión, ya que la decisión ya está tomada, sólo hay que llevarla a cabo.

Justamente es esto lo que hace vulnerable a la Democracia porque, al ser un sistema en el que todos podemos opinar, es más difícil llegar al consenso y por tanto a una decisión con la que estemos de acuerdo.

Ahora bien, esto es superable si todos nos sentimos responsables del desarrollo de nuestro país, respetando las diferentes formas de solucionar un problema y no buscando otro interés que el de la prosperidad de la humanidad.

Y esto hay que tenerlo en cuenta especialmente ahora, en los tiempos que corren, ya que es en este momento cuando la mentira disimulada puede convertirse en mentira descarada... No felicitamos el acierto del oponente... Nuestras críticas son mínimamente constructivas o totalmente destructivas... Acudimos continuamente a nuestra libertad y no a la de los demás... No aceptamos el fallo propio... Cuando hay que tener un talante democrático, y tenemos un talante retrógrado.

Un talante democrático debe ser la manifestación externa de tener asimilado lo que es el sistema democrático. El sistema que nos permite utilizar nuestra libertad para decidir, mediante el consenso, lo mejor para establecer un orden que nos permita desarrollar los derechos humanos de manera óptima.

Este talante de respeto hacia la persona y a sus ideas, aunque no se compartan, se ha de enseñar desde que son muy pequeños, para que poco a poco lo vayan asimilando los niños.

Pero para que una madre o un padre puedan enseñar esto tendrán que tener este talante o, por lo menos, tener la intención de conseguirlo lo antes posible. Porque los niños, sobre todo los pequeños, aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice.

Por poner un ejemplo, una discusión matrimonial delante de los hijos, como resultado de no haber conseguido llegar a un acuerdo, podrá ser uno de esos ejemplos gráficos que se nos quedan grabados en la cabeza durante toda la vida, y que no favorecen para nada el aprendizaje de este talante. En cambio una familia en que los padres mantengan habitualmente un talante democrático, aunque uno de los dos no esté de acuerdo con lo que el otro propone, a través de un diálogo sereno consiguen llegar a una solución en común. Y sino lo consiguen, al menos evitan el conflicto cediendo, no siempre el mismo, en la opinión. Y esto un niño lo aprende como por "ósmosis".

Álvaro Gil Ruiz

El estatuto del embrión humano

Está claro que estamos en unos momentos históricos para la biotecnología. Escuchamos un espectro de voces: desde los que opinan que los embriones humanos no son más que células a las que es lícito sacarle partido terapéutico hasta los que consideran que todo embrión debe ser respetado por ser un individuo de la especie humana. Surgen leyes al respecto que son modificadas al llegar al poder nuevos gobiernos con distintas ideas. No existen todavía criterios estables. La clonación terapeútica es objeto de polémica en el mundo entero. Quizás convendría obrar con más inteligencia y menos oportunismo hasta llegar a un estatuto jurídico de lo que es un embrión. Dedicar tiempo, sin prisas, a que reconocidos expertos en biología, derecho, filosofía, medicina, sociología, intentaran llegar a un marco de consenso, sin prejuicios, sobre lo que realmente es el embrión humano y cuál podría ser el tratamiento legal más adecuado que se le puede aplicar. Existen expertos asesores de bioética en los gobiernos pero no parece que exista un estatuto legal del embrión realizado por organismos internacionales que pueda influir provechosamente en las leyes. Mientras no se haga esto legislar sobre materia tan delicada parece bastante poco digno.

José Ignacio Moreno

La persona frente a la misericordia

Si un hombre mata voluntariamente a otro hombre inocente que le implora misericordia, no le asesina por valentía sino por cobardía; no ejecuta a alguien excesivamente débil sino sumamente fuerte. Aceptar la misericordia, especialmente para seres humanos depravados, no es nada fácil porque supondría romper la rígida osamenta de su cinismo.

La misericordia y la ayuda al desvalido son de tanta envergadura que están cerca de colmar el corazón humano, liberándole de miedos e inseguridades. La misericordia comprende hasta el fondo al necesitado; es capaz de ponerse a su nivel por un elevado grado de sabiduría. El hombre misericordioso se hace plenamente justo porque, sin perder de vista la justicia, la supera y perfecciona.

No parece muy rentable la misericordia para el hombre de negocios o para el futbolista. Sin embargo un buen negocio con rostro humano y una victoria con deportividad son mucho más satisfactorios. Desde luego la misericordia, sin ejercicio de la exigencia de los propios derechos, puede ser en muchos casos ridícula; pero no parece que este sea el problema fundamental.

Ser misericordioso es meter el corazón en la miseria ajena para levantarla. Tal corazón no se mancha como tampoco lo hace la luz al clarear un lodazal. Ser misericordioso supone la liberación de sortear el obstáculo del propio yo para encontrarnos con los demás y con nosotros mismos.

José Ignacio Moreno

¿Cuándo se comienza a ser humano?

Lo realmente importante en bioética es saber cuándo se empieza a ser mujer o hombre. De entrada no parece muy sensato pensar que es una barbaridad cortarle la cabeza a un bebé recién nacido y algo progre cortarla unos meses antes cuando está en el poco hospitalario seno de su madre. ¿Antes de los tres meses no es persona y luego sí? Es como decir que el abuelo es persona con noventa y nueve años pero ya no lo es con tres meses más porque no da ni los buenos días.

Claro que alguien podría plantearse si una persona deja de serlo cuando está imposibilitada física y mentalmente. ¿Mi madre dejaría de serlo si le invade el alzheimer y todavía vive?

Aristóteles pone un ejemplo que nos puede servir. Pertenece a la naturaleza del fuego el tender hacia arriba. Pero si una campana de cristal se lo impide, mientras no se extinga, ¿deja de ser fuego?...No, porque la naturaleza existe por la capacidad de ejercitar los actos que le son propios y no porque de hecho los ejerza en acto. Por esta realidad en el mismo instante en que surge el embrión -en la fecundación- surge actualmente toda la naturaleza humana en su potencialidad y ya se es hombre o mujer. Por este motivo el término pre-embrión no tiene ningún significado real; es una pura convención sin base científica.

¿Tienen razón las “razones” anti-vida?...Uno de los casos ”favorables” al aborto es el de malformaciones en el feto. Pero suprimir esta vida, por lo que hemos razonado antes, sería algo análogo a privar de su vida a cualquier deficiente físico o psíquico. Detrás de esta postura se esconde la noción de calidad de vida en su versión puramente materialista.

El motivo socioeconómico sería análogo a permitir el infanticidio por falta de ingresos.

La disyuntiva entre la vida de la madre o la del hijo no se da actualmente con los medios médicos de los que se disponen. Actualmente, en España, el supuesto de grave peligro físico o psíquico para la vida de la madre se ha convertido en la motivo óptimo para abortar pues no hay límite durante el tiempo de gestación. Algo más del 97% de los abortos legales en España se hacen bajo el supuesto de peligro psíquico para la madre. Alguna clínica abortista ha declarado que el no desear el embarazo es motivo suficiente para acogerse a tal peligro psíquico para la madre. Es decir: se vulnera absolutamente la ley actual y todo el mundo lo sabe.

En definitiva, la legalización del aborto bajo cualquier aspecto supone la grave torpeza intelectual de dar por legal una humanidad que se devora a sí misma por falta de espíritu de sacrificio.

El caso de violación es algo tremendo y lamentable. Médicamente está comprobado que es muy difícil en esas circunstancias la fecundación, pero no imposible. En cualquier caso el nuevo ser humano que surge es objetivamente inocente de lo ocurrido. La indudable heroicidad de la mujer que acepta a ese hijo es una medida –constatada- a la altura de esas circunstancias para superar ese tremendo trauma que debe ser motivo de duro castigo penal para el agresor.

Estos planteamientos pueden parecer exagerados pero también es exagerada la importancia de la dignidad de la vida humana.

Además el instinto y la convicción de la maternidad son tan fuertes que todo aborto supone una tara psíquica en la mujer cuando no también un deterioro físico por la violencia de los medios utilizados.

Sin embargo, actualmente, los argumentos no son suficientes. Considero que lo único práctico es el propio ejemplo y seguir insistiendo en la belleza de la cultura de la vida poniendo de manifiesto, una y otra vez, los graves atentados a los que se somete la dignidad humana, aunque por el momento no haya respuesta social ni política.

José Ignacio Moreno

25.11.04

La ciencia, a favor de la vida

Los avances científicos están demostrando que no hace falta experimentar con embriones –futuros niños, seres vivos– para ayudar a luchar contra algunas enfermedades como la diabetes o el alzheimer. Así lo explica del doctor Jouve, catedrático de Genética en la Universidad de Alcalá de Henares, que recoge en este artículo un buen número de las investigaciones científicas que demuestran esta teoría. Aún quedan miles de embriones congelados en las clínicas de fecundación in vitro

Hace casi un año, se debatía en el Parlamento español la reforma de la Ley 35/1988, sobre Técnicas de Reproducción Asistida, finalmente aprobada en noviembre (Ley 45/2003). La reforma partía de un principio bien intencionado, el de la limitación a tres embriones producidos y tres implantados, lo que debía poner freno a la escalada de embriones congelados, seres humanos anónimos, indefensos y sin un destino claro de su potencialidad vital.

La ley anterior dejaba en manos de las clínicas de fecundación in vitro la posibilidad de crear un número ilimitado de embriones, implantar un mínimo de ellos y almacenar en congelación el resto, sin un control estricto y riguroso de su registro. El resultado ha sido el del crecimiento del número de embriones mal llamados preembriones, supernumerarios o sobrantes, llegando a los cerca de 200.000 que se supone duermen en congelación tras los 15 años transcurridos desde la aprobación de la ley. ¿Nadie previó este resultado?

Paradójicamente, la aprobación de un sistema de reproducción, pensado para atender el deseo de unos padres con problemas de esterilidad, dejaba indefensos a más del 90% de los embriones producidos. Al margen del problema humano que se trataba de solucionar, los grandes beneficiarios de aquella Ley han sido las poderosas clínicas de fecundación in vitro, que desde entonces no han dejado de proliferar.

Con frecuencia se utiliza el eufemismo del progreso social, y en su nombre se acometen reformas legislativas poco maduras o hasta antinaturales, como lo son las que atentan contra la vida o la dignidad humanas. De hecho, la reforma emanada del legislativo hace un año daba paso a la utilización de los preembriones sobrantes congelados para la creación de líneas celulares con fines de investigación. En esta dirección, se sitúa la reforma de 29 de octubre pasado (Real Decreto 2132/2004) del actual Gobierno. La cuestión es si han de solucionarse unos problemas relacionados con la vida, a costa de otras vidas humanas.

Como biólogo me alegra oír las voces de quienes defienden la vida, aunque me asombra el mayor énfasis con que, a veces, se defiende la vida de un animal de una especie en peligro de extinción, que la de un ser humano, que todavía no siente, o no ve, o no piensa, sencillamente porque está en su fase inicial, embrionaria o fetal. Como ser humano me alegran las voces de quienes defienden la vida humana en cualquiera de sus etapas de desarrollo. Como católico me alegra la tesis sostenida desde siempre por la Iglesia católica en defensa de la vida humana y en contra de cualquier tipo de abuso o esclavitud que la coarte.

Independientemente de cualquier otra consideración política, humanística, sociológica o religiosa, creo necesario abundar en las aportaciones de la biología celular y la genética a la clarificación del concepto de vida que, pese a la insistente propaganda, no es una cuestión de creencias, o de una u otra forma de pensar.

Vida, desde el primer instante

En los últimos años se han acumulado pruebas científicas irrefutables de que la vida está ya presente en el embrión de una célula, el cigoto. Así, el doctor Richard Gardner, un embriólogo de la Universidad de Oxford (Gran Bretaña), publicó, en la revista Development en 2001, unos experimentos basados en el seguimiento de unos marcadores físicos, unas gotitas de grasa, en embriones de ratones a partir del cigoto, y demostró que desde la fecundación queda marcado el eje antero-posterior y dorso-ventral del individuo, que sin interrupción se desarrolla desde ese instante a partir de la primera división celular. A las mismas conclusiones llegó la doctora Magdalena Zernicka-Goetz, que, en su laboratorio del Wellcome/Cancer Research, en Cambridge (Gran Bretaña), utilizó fluorocromos de distintos colores para seguir el desarrollo embrionario, y publicó, en el mismo año, unas asombrosas imágenes en la prestigiosa revista Nature. La doctora Zernicka-Goetz concluyó que, «en la primera división celular, ya existe una memoria de nuestra vida». No es, por tanto, serio ni ético alimentar dudas al respecto del comienzo de la vida humana.

A mayor abundamiento, el 13 de mayo de 2004, y también en Nature, se publicó un trabajo del doctor Steven Krawetz y sus colaboradores de la Facultad de Medicina de la Universidad del Estado de Wayne (Estados Unidos), que demuestra la existencia de ARN-mensajero procedente del espermatozoide en ovocitos recién fecundados. El hallazgo de las moléculas de expresión de los genes de origen paterno indica que la actividad genética, tras la fecundación, es inmediata, y que en ella participan genes de ambos gametos, y no sólo del ovocito, como había quien sostenía.

Pero, además, la mejor prueba de la existencia de vida propia en el embrión de una célula es la de que su identidad genética es igualmente propia, y que viene determinada por la combinación nueva de los genes que recibe de sus padres por la vía de los dos gametos que se acaban de unir. Allí está predeterminado cómo va a ser el nuevo individuo: niño o niña, blanco o de color, moreno o rubio, con una u otra de las alternativas resultantes de la combinación de los cerca de 25.000 pares de genes de nuestro genoma. Esta información, adquirida en el instante de la concepción, no cambia ya a lo largo del desarrollo ontológico del individuo, aunque habrá que esperar al momento en que haya de expresarse cada carácter a lo largo del tiempo. La identidad genética, materializada en las secuencias individuales del ADN presente en el cigoto, constituye la característica biológica más determinante de cada vida humana, de cómo fuimos, somos o seremos, y es el sello indudable que permite la identificación de muestras de nuestras células o tejidos, en vida o tras la muerte.

Todo lo anterior suele ser ignorado, cuando no menospreciado, al anteponer el interés de los embriones, no como seres humanos, ni siquiera como seres vivos, sino como estructuras biológicas, fuente de células troncales para tratar de solucionar problemas clínicos. A esto se refiere la llamada clonación terapéutica, que tiene por finalidad el aislamiento de células troncales embrionarias con el fin de probar su utilidad en el tratamiento de enfermedades debidas a una degeneración tisular, como el parkinson, el alzheimer, la diabetes, el infarto de miocardio, etc.

Células madre adultas

Casi al comenzar a experimentar con las células troncales embrionarias, en el año 2000, se suscitó la cuestión de si es preciso sacrificar embriones, o se pueden obtener células con propiedades equivalentes a partir de tejidos somáticos de adulto. Y en esto también los avances de la ciencia ofrecen una respuesta afirmativa, lo que constituye probablemente una de las mejores noticias para la defensa de la vida humana. Algunos investigadores que excluían o desatendían esta realidad, han ido admitiéndola progresivamente. La lista de tejidos u órganos de adulto de los que se pueden extraer este tipo de células es cada vez más extensa (cordón umbilical, médula ósea, sangre periférica, células nerviosas, cordón espinal, músculo esquelético, epitelio, etc.), y las expectativas de su pluripotencialidad, y de sus potenciales aplicaciones clínicas dejan sin fundamento el sacrificio de los embriones.

Las células troncales de adulto resuelven el grave problema ético de la destrucción de embriones, evitan el riesgo de la producción de células tumorales y simplifican los problemas del rechazo inmunológico, por coincidir la identidad genética con la del propio paciente de quien proceden.

A la ya larga lista de los espectaculares resultados conseguidos en la regeneración del tejido cardíaco infartado mediante la repoblación con células troncales de médula ósea, músculo esquelético u otros tejidos del propio paciente, se han ido sumando esperanzadores logros en la curación de otras enfermedades. De este modo, el doctor Bernat Soria, director del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante), y defensor a ultranza de la investigación con células troncales embrionarias, reconocía en el XXVII Congreso de Medicina Interna, celebrado este año en Granada, que su equipo, en colaboración con un grupo alemán, había conseguido desarrollar células de hígado y páncreas endocrino, a partir de células sanguíneas, gracias a lo cual «hemos resuelto la diabetes en animales de experimentación». Sin duda, ésta es una gran noticia, y todo apunta a que es la más prometedora opción para investigar la curación de enfermedades neuro-degenerativas, parálisis, tetraplejia, diabetes, etc., sin utilizar los embriones, y, por tanto, sin transgredir ningún principio ético.

Nicolás Jouve de la Barreda. Alfa y Omega.

24.11.04

La ley española de investigación con embriones al microscopio

Por Justo Aznar, Jefe del Departamento de Biopatología Clínica del Hospital Universitario La Fe de Valencia

VALENCIA, sábado, 20 noviembre 2004 (ZENIT.org-Veritas).- Publicamos el análisis sobre la reglamentación de la investigación con embriones introducida en España publicado en la agencia Veritas por el doctor Justo Aznar, jefe del Departamento de Biopatología Clínica del Hospital Universitario La Fe de Valencia.

No cabe ninguna duda que el embrión humano es un ser biológico en peligro. En efecto, en su etapa de embrión preimplantado, que no de preembrión, es objeto en el momento actual de importantes ataques contra su vida, algunos de ellos planteados desde un marco legal difícilmente compatible con la valoración ética negativa que estas acciones merecen.

Una de las causas que favorecen dichos ataques es la posibilidad de obtener, a partir de estos jóvenes embriones, células troncales, células madre en el lenguaje coloquial, para ser usadas en experimentaciones biomédicas.

Los embriones utilizados para obtener las células madre pueden ser generados de tres formas distintas: por fecundación natural, por transferencia nuclear somática (clonación) o por fecundación in vitro. Evidentemente, la primera, la fecundación natural, no es una fuente de células embrionarias utilizable, pues no se tiene acceso al embrión cuando aún está ubicado en las trompas de Falopio de sus madres. Por lo tanto, con finalidad de obtener células madre embrionarias para ser utilizadas en investigaciones biomédicas, sólo se pueden utilizar las otras dos fuentes.

Nos referiremos primero, aunque brevemente, a los embriones humanos obtenidos por clonación, es decir por transferencia nuclear somática, pero de entrada conviene señalar que, por el momento, esta fuente de células madre embrionarias tiene escaso interés práctico, especialmente si se refiere a su uso terapéutico. En efecto, para obtener células madre embrionarias por esta vía la primera e ineludible premisa es haber obtenido por clonación un embrión humano. Esto, al parecer, solamente se ha conseguido una vez por un equipo de investigadores de Corea del Sur, experiencias que fueron difundidas en los medios de comunicación el pasado mes de febrero. Según los responsables de dichas investigaciones, los embriones clonados fueron destruidos cuando llegaron a fase de blastocisto, embriones de 60 a 100 células, cosa que se consigue a los 5 a 7 días después de que el embrión haya iniciado su andadura vital. Por lo tanto, si hasta la fecha no se ha obtenido ningún otro embrión humano clonado, difícilmente esta fuente ha podido ser utilizada para obtener células madre embrionarias humanas. Sin embargo, es posible que en un futuro, más o menos próximo, si que pueda utilizarse, ya que por primera vez en Europa, se ha autorizado a un equipo de investigadores del Reino Unido, de la universidad de Newcastle, permiso para clonar embriones humanos con finalidad experimental, es decir, para poder utilizar sus células como material biológico para experimentaciones biomédicas, aunque ello conlleve ineludiblemente destruir la vida de esos embriones. También hace escasos días el equipo de investigación de Ian Wilmuth, el investigador que dirigió el equipo que produjo la oveja Dolly, el primer mamífero clonado del mundo, también ha solicitado autorización para clonar embriones humanos con fines experimentales, aunque todavía no se le ha concedido. En el momento actual solamente está legalizada la clonación de embriones humanos con fines experimentales en Singapur, China y Corea del Sur. Por tanto, la opción de obtener células madre embrionarias humanas para fines experimentales o terapéuticos, a partir de embriones humanos clonados no parece ser, por el momento, de interés práctico, por lo que no vamos a insistir más en ella.

La tercera posibilidad es la fecundación in vitro. Esta es la que está siendo realmente utilizada, por lo que a ella nos vamos a referir más detenidamente. En efecto, los embriones humanos congelados sobrantes de la fecundación in vitro, son los ahora utilizados para la obtención de las células madre.

Para asegurar una mayor eficiencia de las técnicas de procreación asistida, en cada ciclo de estimulación ovárica al que la mujer es sometida, se obtiene un número elevado de ovocitos, que tras ser fecundados dan lugar a un número, asimismo elevado de embriones, normalmente más de tres. De los embriones obtenidos, un cierto número se implanta en la mujer y el resto se congelan por si pueden ser utilizados con posterioridad. Esta práctica presenta dos problemas éticos importantes. El primero es que si se implanta un elevado número de embriones para hacer más probable el embarazo, en muchos casos se consigue éste, pero se obtienen gestaciones múltiples, en ocasiones de cinco o más embriones. Estas gestaciones múltiples son peligrosas para madre e hijos, por lo que muchas veces se recurre a la denominada reducción embrionaria, que llana y simplemente consiste en destruir algunos de esos embriones dentro del vientre de su madre, para permitir que solamente dos o tres de ellos continúen gestándose. Creo que no es necesario insistir en la negativa valoración ética que esta práctica merece.

El segundo problema ético que se plantea es que hay que congelar los embriones humanos sobrantes, práctica en sí misma rechazable, pues requiere considerar al ser humano como un producto manipulable. Además, un problema añadido es que, ineludiblemente, con el tiempo se va generando un banco de embriones congelados, a los que es difícil darles una salida acorde con su dignidad humana. En el momento actual, en nuestro país, pueden existir más de 200.000 de estos embriones congelados, pues según declaraciones recientes de uno de los codirectores del Instituto Valenciano de Infertilidad, el Dr. Remohí, solamente en su clínica hay más de 20.000 embriones congelados. Pues bien, de estos embriones congelados sobrantes de fecundación in vitro es de donde se están obteniendo en el momento actual las líneas celulares a partir de las cuales se consiguen las células madre embrionarias útiles para investigaciones biomédicas. Por ello, a estos embriones congelados y a su manipulación técnica vamos a referirnos más detenidamente.

Dos son los principales problemas relacionados con estos embriones congelados. El primero cómo evitar que sigan almacenándose y el segundo qué hacer con los actualmente existentes.

Para evitar que haya que almacenar nuevos embriones congelados, el anterior gobierno aprobó la ley de Reproducción Asistida el 23 de noviembre de 2003, que venía a sustituir a la del mismo nombre de 1988. En la nueva ley se proponía que no se pudieran obtener más de tres ovocitos en cada ciclo de estimulación ovárica, que se deberían fecundar todos los ovocitos obtenidos, y que no se podrían implantar más de tres embriones. Si verdaderamente se implantaran todos los embriones generados y por otro lado su número nunca fuera superior a tres, se habrían solucionado los dos problemas anteriormente comentados existentes alrededor de la utilización de embriones sobrantes de fecundación in vitro, la reducción embrionaria y la generación de bancos de embriones congelados.

Sin embargo, en el mismo proyecto de ley se incluía la posibilidad de que pudieran existir casos excepcionales en los que se permitiera generar e implantar más de tres embriones. Dichas excepciones deberían ser reguladas por un reglamento posterior que debería haber sido propuesto por la anterior ministra de Sanidad, Ana Pastor. Este proceso legal, como otras muchas cosas de nuestro país, fue violentamente interrumpido por el desgraciado acontecimiento del 11 de marzo de 2004. Sin embargo, desde el 23 de noviembre de 2003 hasta el 11 de marzo se fueron marcando algunas de las directrices que regularían las excepciones a la ley de 23 de noviembre.

Ya muchos nos temíamos, y así lo manifestamos por escrito en diversos medios de comunicación social, que el número de excepciones iba a ser tan amplio que prácticamente se podrían generar, fecundar e implantar más de tres embriones en la mayoría de los casos, por lo que la nueva disposición legal prácticamente quedaría vacía de contenido.

Con la llegada del nuevo Gobierno, fue retomado el tema, escuchándose con especial atención la opinión de la Comisión Nacional de Reproducción Asistida, por supuesto favorable a que el número de excepciones fuera muy amplio. Por fin, en el Consejo de Ministros de 26 de julio de 2004, último antes de las vacaciones estivales, el tan esperado reglamento vio la luz, y como se preveía, la opinión de la nueva ministra, Elena Salgado, prevaleció, y las excepciones fueron incluso más amplias, de las que, aun con una perspectiva bastante negativa, se esperaban. Prácticamente, estas excepciones eran tan generosas que incluían a la mayoría de las circunstancias por las que una pareja sin hijos pudieran solicitar la fecundación in vitro. Además, en cada caso, la última palabra la tienen los especialistas de reproducción asistida, sin duda, los más interesados en asegurar la eficiencia de sus técnicas, para lo cual el camino más fácil es aplicar la máxima liberalidad en el número de óvulos que legalmente se puedan obtener y fecundar, y el de embriones que se permita implantar. Por fin, el 30 de octubre se cerró el ciclo legal, al aprobar el Consejo de Ministros un real decreto por el que se establecen los requisitos y procedimientos para que los distintos grupos de investigación interesados puedan solicitar el iniciar investigaciones con células madre de embriones congelados sobrantes de fecundación in vitro.

Por todo lo anterior referido, la gran paradoja es, que una ley que nació fundamentalmente para solucionar el problema de los embriones congelados, no ha hecho sino dar apoyo legal para que dichos embriones se puedan seguir generando, por lo que el problema no solamente no se ha resuelto sino que, en el orden práctico se ha agravado, pues a partir de ahora la congelación de embriones tendrá cobertura legal. ¡Pobres embriones humanos, que trato os damos en una sociedad que presume de estar construida sobre la piedra angular de los derechos humanos!

Pero una vez admitido que se van a generar embriones humanos congelados ya que su uso para fines experimentales biomédicos fue autorizado por primera vez en nuestro país por la ley de 23 de noviembre de 2003, es necesario detenerse en los problemas éticos que esta realidad conlleva.

Los embriones congelados pueden tener cuatro destinos: a) ser descongelados e implantados en su madre biológica; b) ser descongelados e implantados en una madre de adopción; c) ser descongelados y utilizados para experimentaciones biomédicas; d) descongelarlos y dejarlos que mueran en paz, dándoles después el trato que un ser humano merece. Pero, sin duda, el destino más real de los embriones congelados existentes en nuestro país va a ser su utilización para fines experimentales, pues las dos primeras soluciones, aunque éticamente correctas, parece que en la práctica tienen pocas posibilidades de ser aplicadas, y para la última no parece existir voluntad de llevarla a cabo por los responsables actuales del destino de estos embriones congelados.

Admitido que fundamentalmente los embriones congelados van a ser utilizados para experimentaciones biomédicas, parece necesario realizar la valoración ética de su uso. Sin duda, el primer y gran problema es definir el estatuto biológico del embrión, es decir, ponernos de acuerdo sobre lo que ese embrión es. Sin entrar en una pormenorizada disquisición sobre esta pregunta, cabe decir que hoy día no se puede dudar razonablemente de que el embrión humano es un ser vivo de nuestra especie, y que precisamente por su carácter humano merece todo el respeto. Desde un punto de vista biológico cabe afirmar que este embrión dispone de la dotación genética completa y necesaria para su ulterior desarrollo. Que posee las capacidades biológicas requeridas para autorregular su propia evolución. Que su cualidad de ser vivo organizado, regulador de sus propias funciones biológicas, está determinada desde la primera división celular. Que gran parte de estas funciones biológicas son dependientes de interacciones celulares reguladas genéticamente por los propios blastómeros embrionarios. Que desde el cigoto, pasando por el embrión y el feto, no existe solución de continuidad en ese proceso biológico que justifique que una etapa de su desarrollo es diferente de otra. Todo ello, parece confirmar la naturaleza biológica de ser vivo organizado de ese embrión de pocos días, incluso aunque sea el embrión de una sola célula, el cigoto.

Pero una vez definido esto conviene conocer la naturaleza biológica del embrión congelado y las circunstancias que acompañan a su descongelación. Normalmente, en las clínicas de reproducción asistida, los embriones obtenidos por fecundación in vitro se implantan en el estadio evolutivo de 4 a 8 células, por lo que también los embriones sobrantes tienen este mismo número de unidades celulares. Sin embargo, para obtener las células madre embrionarias es necesario utilizar el embrión en fase de blastocisto, es decir, cuando tiene entre 60 y 100 células. Por tanto, partiendo de la base que la gran mayoría de los embriones al descongelarlos tienen entre 4 y 8 células, tras la descongelación hay que cultivarlos, revitalizarlos, para permitir que se desarrollen hasta la fase de blastocisto, para sólo entonces, como anteriormente se ha comentado, obtener las células madre embrionarias. Esta práctica, ineludiblemente requiere la destrucción de los embriones, circunstancia que matiza negativamente cualquier tipo de experimentación que se pueda realizar con las células obtenidas a partir de esos embriones destruidos, es decir, no parece de recibo la justificación ética de cualquier experimentación que presuponga la destrucción de esa vida humana, por muy importantes que sean los fines que se piensen conseguir.

Para tratar de armonizar estas dificultades éticas con el uso de los embriones congelados para fines experimentales, que no terapéuticos, algunos investigadores favorables a la defensa de la vida humana han propuesto la posibilidad de utilizar las células del blastocisto inmediatamente después de su descongelación, aduciendo que en estas circunstancias es muy probable que el embrión estuviera ya muerto y que en cambio sus células aún estuvieran vivas, y consecuentemente pudieran ser útiles para la creación de líneas celulares a partir de las cuales se pudieran obtener las células madre necesarias para experiencias biomédicas. Sin embargo, a mi juicio, esta postura tiene objetivos inconvenientes que estimo la hacen prácticamente inaplicable en la realidad médica. En efecto, en primer lugar, en el momento actual es imposible definir con seguridad si el embrión descongelado está muerto y que, sin embargo, algunas de sus células estén vivas, ya que el principal criterio para establecer el carácter de ser vivo de ese embrión es cultivarlo y comprobar su capacidad de desarrollo, cosa imposible de llevar a cabo si rápidamente se requiere utilizar sus células. Además, cuando se está decidiendo sobre la vida humana, no parece de recibo apoyarse sobre argumentos que no puedan ser claramente establecidos. Creo que bastaría la duda de que ese embrión descongelado pudiera estar vivo para excluir toda posibilidad de utilizarlo para distintos fines distintos de su propio bien.

Pero además de todo lo anterior, existen importantes incertidumbres sobre las propiedades biológicas de estos embriones. Así, en una reciente publicación (Fértil Steril 79;1063,2003) se indica que no más del 3% de los embriones descongelados serían útiles para experimentaciones biomédicas, lo cual implica que con todos los embriones congelados actualmente existentes en Estados Unidos, no se podrían crear más de 275 líneas celulares útiles, algo absolutamente insuficiente para las necesidades de investigación que ese país tiene planteadas (Lancet 364;115,2004). Sin duda, debe ser ésta la razón última por la que la obtención de líneas celulares a partir de embriones congelados haya tenido tan poco aceptación en el Reino Unido, uno de los países europeos en donde estas prácticas están legalizadas. Incluso más, se han escuchado voces entre los investigadores de esta área de la medicina (www.hfea.gov.uk/Fortalients Guideto IVF Clinics, accesed June 29-2004) que mantienen que estos embriones congelados no son de suficiente garantía para realizar experiencias a partir de sus células, pues son de baja calidad, y ésto por dos razones, la primera porque han sido previamente elegidos con un criterio de selección negativo, ya que los mejores embriones se utilizaron para ser implantados con fines reproductivos y los congelados son los de peor calidad. Por otro lado, estos embriones siempre han sido obtenidos de parejas con problemas de fertilidad, circunstancia que no sabemos en qué medida podría afectar a las células obtenidas a partir de estos embriones. Por ello, voces autorizadas han sugerido que únicamente podrían ser útiles las líneas celulares obtenidas de embriones que se produjeran a partir de gametos de personas sanas, es decir, que tanto los ovocitos como los espermatozoides, se consiguieran de este tipo de donantes. Todo lo anterior, confirma las dudas biológicas, que además de las éticas, existen alrededor de la utilización de embriones congelados sobrantes de fecundación in vitro para la obtención de líneas celulares útiles para experimentaciones biomédicas.

Otro aspecto que hay que considerar es la falsedad de la afirmación que se realiza cuando se dice que el uso de células procedentes de embriones descongelados va a permitir salvar a numerosos pacientes afectos de graves enfermedades como pueden ser Parkinson, Alhzeimer o diabetes, lo que sin duda favorecería la posibilidad ética de utilizarlos. Conviene, dejar bien establecido, como anteriormente ya se ha señalado, que con fines terapéuticos únicamente se pueden utilizar las células madre obtenidas a partir de embriones clonados generados con material genético del paciente que requiere el trasplante celular. Esto, como también antes se ha comentado, no se ha realizado hasta el momento actual, por lo que es absolutamente injustificado, más bien falso, afirmar que con estas experimentaciones se van a curar enfermos afectos de graves dolencias. Con estas experimentaciones lo que sí se puede es avanzar en el conocimiento biomédico de las primeras etapas del desarrollo humano, con las consecuencias indirectas que ello pueda tener en el campo terapéutico, pero no son útiles para su aplicación directa en la medicina regenerativa o reparadora. Es por esto, por lo que al valorar éticamente las experiencias que se comentan, hay que dejar bien sentado que las mismas tienen finalidad experimental, lo que condiciona que su juicio ético global deba establecerse entre la conveniencia de realizar dichas experimentaciones y la ineludible realidad de que se está terminando con la vida de los embriones que dan base a las mismas. Este dilema, sin duda puede estar abierto al debate ético, pero desde mi punto de vista, ninguna experimentación biomédica, por importante que sea justifica la destrucción de una vida humana.

22.11.04

Menores que han abortado rechazan el nuevo Código Deontológico catalán

La noticia de la aprobación del nuevo artículo 33 del Código Deontológico de Medicina de Catalunya ha provocado la reacción de víctimas del aborto menores de edad, que piden a los médicos y al Estado apoyo en la maternidad y manifiestan su repulsa a normas que favorecerán las soluciones violentas ante un embarazo no deseado. El derecho a la integridad física y psíquica está por encima de la libertad de elección: el aborto no es un acto médico y es muy negativo para la mujer.

Madrid, 22 de noviembre de 2004. Asociación de Víctimas del Aborto- AVA www.vozvictimas.org. El pasado sábado se aprobó en un Congreso sobre la Profesión Médica una modificación en el Código Deontológico de Médicos de Catalunya, que añadía el siguiente artículo: “El médico, en caso de tratar a un paciente menor de edad y cuando la considere con las suficientes condiciones de madurez, deberá respetar la confidencialidad ante los padres o tutores y hacer prevalecer la voluntad del menor.

Varias menores de edad que han sufrido un aborto provocado se han acercado a AVA. Al conocer esta noticia han mostrado su pesar y preocupación puesto que, como dice Susana, que abortó este año con 17 años en Andalucía, “el aborto es un engaño, no te soluciona nada y te crea otro problema más. Puede que esas menores aborten por miedo como yo… además, los padres muchas veces están dispuestos a ayudar a sus hijos en su embarazo. Se va a romper la comunicación y apoyo entre padres e hijos y esto es muy triste.” Susana pide, como otras mujeres menores de edad, “más ayuda del Estado para mujeres con falta de apoyo social para seguir con su hijo, porque yo no lo habría matado si hubiera tenido otras alternativas. No fui libre en este sentido.”

La Presidenta de AVA, Carmina García-Valdés, ha denunciado que, puesto que el aborto es algo negativo para la mujer “no podemos dejar desamparada a una menor de edad ante las clínicas abortistas que sólo buscan su dinero o el del concierto público. Pedimos una tutela judicial verdadera que la oriente, le escuche y autorice este aborto, como está previsto en el Código Penal en los casos de esterilización de un incapaz”. Los médicos son defensores y servidores de la vida humana desde su concepción y de la salud de las madres. Por eso señala la Presidenta que “no es coherente que redacten ellos mismos estas normas para precipitar el aborto en las menores de edad, con las graves secuelas que éste deja en las mujeres.”

AVA ha comprobado que los casos de mujeres que abortaron y especialmente en las menores de edad no hubo consentimiento informado, obligatorio con todo detalle por Ley 41/2002. Los que le hicieron el aborto a menores como Susana y a numerosas parejas que han acudido a AVA no les hablaron de secuelas psiquiátricas o físicas que existen y que están comprobadas científicamente que acarrea un aborto. En España, se comete una grave injusticia porque, a pesar de que el RD 2409/1986 exige que se ofrezcan otras medidas sociales y alternativas al aborto antes del mismo, las víctimas del aborto denuncian que sólo se ofrece como posible acabar con embarazo y con su hijo, y si la mujer no tiene medios, se le subvenciona.


AVA es una asociación feminista que quiere dar voz y medios a las mujeres que hayan abortado, para que denuncien ante los tribunales o juzgados pertinentes la falta de información, apoyo social y económico que han podido tener en su situación. Adhesiones y consultas: info@vozvictimas.org, o teléfono 24 horas 637-11-03-28.

Más información:
Dra. Victoria Uroz Martínez
DNI 45587647
Secretaria de AVA c/ Fuencarral, 5-1 dcha.
28004 Madrid.
620 858696
http://www.vozvictimas.org.

16.11.04

Socialismo, liberalismo y familia

Un problema serio del socialismo es su incapacidad para distinguir con precisión entre lo privado y lo público. Los socialistas promueven lo público y recelan de la iniciativa privada; sobre todo respecto de las consecuencias ideológicas o económicas que pueda traer consigo. El socialismo pretende ante todo la igualdad.

El liberalismo dispara la iniciativa privada porque sabe que es así como “funciona” la economía de un país, aunque algunos se queden en el camino. La hipoteca social solidaria es vista más bien como estética, pero no como un pilar nuclear del modo de gobernar: la ayuda al marginado no suele ser rentable. El liberalismo anima a la creatividad del capital.

Chesterton observó con agudeza que tanto el socialismo estatalizante como el liberal capitalismo convulsivo tenían un enemigo común: la familia. Hacia 1930 no hacía falta definir lo que es la familia; ahora si: un padre, una madre y sus hijos. La familia es el lugar privilegiado para apreciar a cada uno de sus miembros por si mismo, por lo que es y no por lo que vale. La familia es mucho más profunda que el socialismo porque en ella se llega, por una exigencia libre, a la solidaridad más plena. Además, la familia es inmensamente más libre que el liberalismo porque en el ámbito familiar la libertad está finalizada y realizada por el amor. Ya dijo Unamuno: “libertad, grita el esclavo; el hijo canta amor”. Los enemigos de la familia lo son también del hombre mismo.

Pienso que el socialismo y el liberalismo coinciden, salvando honrosísimas excepciones, en que tienen una raíz materialista; más naturalista en el primero y más codiciosa en el segundo. Ambos concuerdan actualmente en plantear modelos alternativos de familia porque lo que no soportan ninguno de los dos es el libre compromiso de por vida con la persona a la que se ama verdaderamente y , por tanto, fructíferamente.

Lo incuestionable es que la familia, en su definición primigenia, es la que mejor soporta las cargas sociales y la que, en estricta justicia distributiva, mayor atención y desvelo del Estado debería obtener. En el siglo XXI estamos muy lejos de que esto se haga realidad.

Si un gobierno quiere fomentar la igualdad lo que debe fomentar es la familia estable, no la ingeniería social. Si otro gobierno pretende encumbrar la iniciativa, que ayude a fomentar la mejor de todas: la familia. Una sociedad en la que hay más vida familiar es necesariamente más justa y más libre. Pero hoy la familia está siendo desnaturalizada por la fuerza de políticas y economías de agudo materialismo. Pienso que la solución más directa en la que se divisa esperanza es el propio ejemplo y el asociacionismo familiar actuando pública y democráticamente.

José Ignacio Moreno Iturralde

15.11.04

¿Podemos evitar la guerra?

Estamos ya en ella si bien las víctimas caen solo de un lado: más de 200 al día, lo que supone un 11M diario de dolor silencioso.

La violencia engendra violencia cuando no se abren paso al unísono el arrepentimiento de unos y el perdón de otros. Confío en que los cristianos sabremos perdonar llegado el momento pero dudo mucho que los abortistas quieran arrepentirse. Y lamento decir que sin ese arrepentimiento este conflicto, el del aborto, nos llevará a una guerra que nadie quiere.

De hecho estamos ya en ella si bien las víctimas caen solo de un lado. Este año han muerto 80.000. Más de 200 al día, lo que supone un 11M diario de dolor silencioso y de impune holocausto. Visto el conflicto del aborto con perspectiva histórica la huella es de una inhumanidad sin precedentes.

Tras la peste negra de 1342 a 1383 el aborto es la causa de muerte que ha causado más víctimas en toda la historia de España. Son pocos los datos que tenemos de la epidemia de peste bubónica que asoló Europa en el siglo XIV pero los historiadores dan la cifra de 25 millones de muertos en toda Europa y entre 1 y 2 millones en España. Del número de muertes producidas por el aborto sí tenemos datos: son casi un millón desde su despenalización aquel fatídico 5 de Julio de 1985. Si repasamos la historia de España no hay ningún otro hecho histórico: ninguna guerra, ninguna otra epidemia que haya producido más muertos.

Hay dos cosas que duelen especialmente al hacer estas consideraciones. Una es saber que lo más probable es que el número de abortos se incremente y que de aquí a un año tendremos que dolernos irremisiblemente de más muertes. Parece que si esto sigue así en muy poco tiempo el aborto habrá sobrepasado a la peste bubónica en el ranking de la desgracia. La otra cosa que nos llena de tristeza, y porqué no decirlo, también de rabia, al hablar de estos asuntos, es comprobar que hay desalmados que jalean las razzias de este quinto jinete del Apocalipsis que es el aborto con absoluto desprecio por tanta víctima y tanta muerte.

Estos desalmados no se creen que de verdad los cristianos vayan a recurrir alguna vez a la violencia para defender a las víctimas. Piensan que el cristianismo es una religión de paz y de fraternidad universal y que el cristiano está obligado a perdonar siempre e incluso a amar al enemigo. En verdad ello es así pero están del todo punto equivocados cuando calculan que la violencia es desde el punto de vista de la cosmovisión cristiana un recurso injustificable.

La violencia está justificada en el evangelio con el precepto de la caridad. Yo estoy obligado en virtud de ese precepto a usar la violencia contra el agresor para proteger la vida del inocente. El manso Jesús sale en defensa de su padre Dios y llega incluso a usar la violencia física cuando echa a latigazos a los mercaderes del templo. El cristiano no debe utilizar la violencia para imponerse pero no puede dejar de usarla cuando se trata de defender la vida del prójimo ofreciendo incluso su vida en el empeño.

Ciertamente el asunto es tan importante que hay que estar seguro del todo de que se defiende a otro antes de actuar violentamente contra nadie en nombre de la caridad cristiana. Ello implica necesariamente dos condiciones: que el uso de la violencia esté autorizado explícitamente por la Iglesia y que sea medido. Estas son, por otra parte, las condiciones de siempre de la justa guerra.

Las guerras se suceden sin remisión cuando la violencia se encadena y se hace institución, como ocurre hoy con el aborto y antes con el holocausto o la esclavitud. Los cristianos estamos dispuestos a perdonar la violencia abortista si esta cesa; si se procura un arrepentimiento y se acaban las muertes. Ahora bien ¿entienden los abortistas esta postura o más bien desearían que los cristianos no estorbasen su macabro quehacer?

Muchos abortistas me dicen: “si vosotros estuvieseis realmente convencidos de que el aborto es un crimen, hace ya tiempo que hubieseis luchado por evitarlo y sin embargo seguís conviviendo con él e incluso lo subvencionáis con vuestros impuestos”. O sea, el abortista sí que entiende que cristianismo y aborto son incompatibles, lo que pasa es que aspira a que el cristiano deje de serlo un poco para vivir con quien no lo es. Me temo que si este planteamiento se enquista la violencia que ahora solo usa un bando será contestada abiertamente con violencia dando paso a una escalada imprevisible. El cristiano aguanta pero ¿entenderán los abortistas que hay cosas que ni puede ni debe aguantar?

José Pérez Adán

El laicismo contra los laicos

Aristóteles –nada sospechoso de confesionalismo- decía que los opuestos pertenecen al mismo género: esto es lo que pienso que ocurre entre clericales y anticlericales o laicistas. El clericalismo es la postura, a mi parecer, que considera a los laicos como una “longa manus” del clero sin considerar su legítima autonomía. Si el obispo de Antequera –por decir algo- insta a un pescadero de su diócesis a cobrar el kilo de merluza a seis euros es un clerical.

El laico es el ciudadano que disfruta siendo del Betis aunque su párroco sea del Sevilla. El laico sabe que para ser buen cristiano tiene que ejercer su personal libertad y responsabilidad en las mil iniciativas de este mundo, al mismo tiempo que se adhiere al Magisterio de la Iglesia porque le da la gana. Este ciudadano no es que tolere el derecho de cada cual a su religión sino que lo quiere positivamente, tal y como lo desea para él mismo. Lógicamente desea la libertad de las conciencias: tanto la de otro cristiano, como la de un musulmán o como la de un ateo; sencillamente porque tiene sentido común. Si defiende la propiedad privada no es por ser confesional sino por ser hombre; si no le gusta que otro tipo coquetee con su mujer no es por ser involucionista sino por no ser gilipuertas.

El laicista es alguien muy distinto al laico: el laicista es un clerical rebotado. Si un tipo defiende la dignidad de todos los embriones humanos porque él también ha sido hombre, el laicista le llamará vaticanista, aunque se trate de un inmigrante zulú. Ante un razonamiento que pone de manifiesto la esencial diferencia entre un matrimonio entre hombre y mujer, por un lado, y una unión entre dos personas del mismo sexo, por otro, la inquisición laicista tachará la reflexión con el sanbenito de machista y casposa, incluso si la afirmara un gay sensato. Tratándose de un jurista que se lleva las manos a la cabeza por una ley del divorcio que da al matrimonio menos estabilidad que un contrato de alquiler, el avispado laicista percibirá influencias canónicas. Cuando un médico corrobora que un aborto voluntario es descuartizar a una criatura humana toparemos con un profesional dogmático.

Actualmente laicista y progresista se identifican. El progresismo consiste en romper barreras morales consideradas obsoletas hacia nuevas aventuras de la humanidad, aún a costa de la propia naturaleza. Si las prácticas homosexuales generan –sin previo contagio- un considerable porcentaje del Sida mundial no importa: los medicamentos retrovirales avanzan sin parar. No sé como el progresista tolera sus anticuados ojos que sirven para ver y su arcaico estómago que continua digiriendo, ayuno de creatividad. Desde luego el hecho de que no se acepten generar híbridos entre cerdos y hombres no puede apoyarse en una defensa progresista del hombre… Para el progresista hay progreso, pero no hay hombre. El progresista no acepta la libertad de las conciencias sino la libertad de conciencia por la que yo puedo decir que soy un perrito y disfruto haciendo cosas caninas por la calle, siempre que no sea en el portal del progresista… ¡Qué intolerancia!

El laicismo nace del mismo mangoneo que otrora algunos clérigos desenfocados llevaron a cabo, sin juzgar las intenciones de ambos. Simplemente se trata de una estupidez que traspasa la raya, progresistamente, de la salud mental. Entre tanto, un mundo cada vez más inhumano en sus aspectos más esenciales va avanzando. Los que confiamos en la armonía de la naturaleza y en el atractivo de las verdades más ciertas, como la de una madre, esperamos en el empuje y el coraje de los verdaderos demócratas -que así se llaman por defender que los círculos no son cuadrados-; del pueblo español, que no se merece esta burdísima estafa.

José Ignacio Moreno Iturralde

Las Víctimas del Aborto piden que la maternidad sea subvencionada durante el embarazo y hasta los tres años del niño

Victoria Uroz - (Noticias) - 12/11/2004
La Consejera de Salud catalana, Marina Geli, va a llevar al Consejo Interterritorial de Sanidad la propuesta de que los españoles paguemos con nuestros impuestos las interrupciones voluntarias del embarazo. Esta noticia ha provocado la reacción de víctimas del aborto de toda España pidiendo apoyo en la maternidad y no soluciones violentas ante un embarazo no deseado.

12.11.04

El Papa condena la eutanasia como "drama ético" y rechaza el enseñamiento terapéutico

CIUDAD DEL VATICANO, 12 (EUROPA PRESS).- El Papa condenó la eutanasia como "un drama ético" y defendió "el rechazo del ensañamiento terapéutico" en un discurso pronunciado este viernes al recibir a los asistentes a una conferencia internacional sobre las terapias de alivio.

La eutanasia figura entre "los dramas causados por una ética que pretende establecer quién puede vivir y quién debe morir", dijo ante los participantes a la conferencia organizada por el Consejo Pontificio Publicidad para la pastoral de la salud.

"El rechazo al ensañamiento terapéutico es expresión del respeto que en cada instante se debe dar al paciente", agregó. El Papa no sólo rechazó la eutanasia y los excesos terapéuticos sino que elogió las terapias para aliviar el sufrimiento de los enfermos, especialmente aquellos en fase terminal.

"El sufrimiento, la ancianidad, el estado de inconciencia, la muerte inminente, no deben disminuir la intrínseca dignidad de la persona, creada a imagen de Dios", agregó.

"La eutanasia, en vez de rescatar a la persona del sufrimiento, la elimina", dijo, tras señalar que la compasión "cuando no enfrenta el sufrimiento y acompaña al que sufre, conduce a la cancelación de la vida para alejar el dolor, cambiando el estatuto ético de la ciencia médica", comentó.

10.11.04

«No aborté de mi hija, con espina bífida, a pesar de la insistencia de los médicos»

Mariana Moncasi cuenta a LA RAZÓN las peripecias que tuvo que sortear para seguir con el embarazo

La reciente ampliación de la ley del aborto propuesta por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero vuelve a poner en el candelero de la opinión pública la confrontación entre la cultura de la muerte que impera en gran parte de Europa o el de la vida que defiende, entre otras instituciones, la Iglesia católica. Mariana Moncasi no quiso abortar a su hija hace cuatro años a pesar de la recomendación médica por tener «la malformación de la espina bífida». Después del nacimiento de su hija, Mariana es feliz al haber decidido apostar por la vida de su niña en contra del parecer médico.

Gonzalo de Alvear, (La Razón, Zaragoza).- Hace cuatro años que a Mariana Mocasi le diagnosticaron que el bebé que esperaba tenía espina bífida, un defecto que consiste en que la columna no se cierra totalmente y a través de ese hueco la médula se sale, lo que provoca disfunciones en el aparato locomotor, úteres y cabeza. «Cuando eso ocurrió, mi ginecólogo me dirigió a la sanidad pública, concretamente al Hospital Infantil de Zaragoza, ya que los medios que tienen son superiores y estamos hablamos de ginecología de alto riesgo». «En las reuniones preliminares –cuenta Mariana– los médicos no solamente me ofrecieron la posibilidad de abortar, sino que me hicieron sentir culpable por decidir seguir adelante con mi embarazo, tachándome de inconsciente y de frívola. No me respetaron en absoluto. Fue un acoso que supongo se debió a que ellos se buscaban evitar posibles problemas posteriores como demandas o casas así». Mariana cuenta su experiencia con esos médicos con gran indignación: «Lo cierto es que cada vez nacen menos niños con este u otros problemas. Me pareció una muestra de sadismo nazi disfrazado con el uniforme de la progresía que dice “todo el que me molesta, fuera”. Así que decidimos mi marido y yo tenerlo en un hospital privado e inmediatamente después de nacer lo trasladamos a la sección de Pediatría del Hospital Infantil en donde atendieron a la niña maravillosamente». Mariana nunca tuvo ninguna duda de que su hija era un ser humano. «Notaba sus patadas, a pesar de todo lo que me decían algunos médicos. La quería antes de nacer y además tengo la fe que llevaba una vida en mis entrañas que no me pertenece, una niña con derecho a nacer, a pesar de los problemas con los que venía». «El nacimiento de la niña sirvió para que mi marido y yo –dice Mariana– nos uniéramos muchísimo más; nos ha hecho mejores personas, más humanos, más sensibles incluyendo a su hermano». Sus familias y gran parte de sus amigos también les apoyaron incondicionalmente, además de la «Asociación de Espina Bífida» de Madrid. «Hay que tener muy en cuenta que el problema tiende a magnificarse en el comienzo pero con el tiempo te das cuenta que no es tan tremendo como te lo pintaban y te haces con él. Fundamental ha sido educar a la niña en que siempre debe superarse pero que sus esfuerzos siempre tienen una recompensa», señala Mariana. Y gracias a este esfuerzo, la pequeña Mariana camina y corretea, aunque sea con fédulas, y hasta esquía y es la segunda de su clase. Una bofetada moral en la cara a los médicos que quisieron acabar con la vida de esta pequeña. (Más información de la Asociación de la Espida Bífida : 91 563 0 448).

8.11.04

Un gobierno muy respetuoso y otro muy humano

Érase una vez un gobierno respetuoso; pero que muy respetuoso. En aquél país resurgió bruscamente una vieja religión a la que pertenecía la mayoría de ese pueblo. Los miembros del gobierno asistían, cómo no, a las reuniones religiosas. En ellas el sumo sacerdote decía que las familias no tenían por qué permanecer unidas. Los miembros del gobierno se miraban entre si con asombro; pero ellos eran muy respetuosos con la esfera religiosa. Otro día, en una nueva función religiosa, se predicó que las mujeres podían abortar cuando quisieran… Los miembros del gobierno no daban crédito a sus oídos. De hecho, la hija de un ministro abortó a los pocos días. El ministro se apenó muchísimo, pero era tan tolerante que nunca invadiría el ámbito sacro. Una tercera función habló de la necesidad de crear embriones humanos y congelarlos para experimentar. Desconcertados, los gobernantes se decían, muy bajito, entre si: pero… ¿Acaso no hemos sido todos embriones? En una posterior ocasión el sermón se alargaba. La verdad es que los gobernantes no tenían mucho fuelle en esto de escuchar prédicas y cada cual se encendió un pitillo. Rápidamente un tropel de comisarios religiosos cogió a los gobernantes y les hizo saber cuál era la multa en terreno sacro por aquella afrenta. Al declararse ignorantes e insolventes fueron conducidos a unas mazmorras. El presidente del gobierno, que ocupaba un puesto de honor, había permanecido ajeno a la encarcelación de su gabinete. También él estaba un poco harto y sacó un puro. El sumo sacerdote declaró que inmediatamente aquél hombre fuera ejecutado. Y así acabo la historia, con pena y sin gloria, de un gobierno que se extinguió con la mayor y más exquisito de los respetos.

Poco tiempo después llegó otro gobierno de hombres sin complejos que no se dejó amedrentar por el brazo religioso. Tales gobernantes exigieron que si lo religioso era inhumano tampoco era verdaderamente religioso. Discutieron a gritos con los clérigos y también, con hispana sabiduría, tomaron juntos paella. La paella fue lo definitivo, porque era muy humana. Llegaron por fin a un acuerdo: la unión entre lo secular y lo sacro –respetando la autonomía de cada uno- debía estar en la discusión y defensa de la naturaleza humana; aunque hubiera gritos también comerían paella. Esta última sociedad resultó mucho más humana.

José Ignacio Moreno

¡Pero qué guapa que es!

En sus ojos asomaba la profundidad de su amor; grandioso por su sencillez. En el fondo de su iris milenario se escondían vivarachos los recuerdos de tantas noches de Reyes, de meriendas hechas a la lumbre, de juegos en torno a una chimenea bermeja. Su pelo, negro y largo, era al mismo tiempo el de una servidora y el de una reina. Sus pensamientos giraban, como una noria de colores, alrededor de las comidas, el fin de mes y la ropa de los niños. Su discreta y clara sonrisa tenía un misterioso efecto rompedor, como el de la belleza fantástica de la música. El inesperado genio que de ella emanaba, en ocasiones, infundía un contrapunto de respeto. Los vestidos que llevaban eran elegantes, sobrios y naturales, como los tonos de una cálida tarde de otoño. De su cara emanaba una pálida luz que parecía transmitirse desde pilares internos de sufrimientos y llantos, templados por el amor y la esperanza. Su sabiduría era tan humana que parecía divina. Su ritmo era temperamental, su talante acogedor, su estilo divertido, su tipo pocholo. Grata; su presencia así lo era. Las manos, curtidas por el trabajo, descansaban en su paz interior y eran mecedoras de chiquillos e imploradoras de ruegos. Cuando ocurría algún exabrupto o pequeña ordinariez la risa acudía a sus mejillas y era pronta en transmitir ánimo al inoportuno, un ánimo discreto y cariñoso. En los últimos años había enfermado; decían que de tristeza. ¿Cómo era eso posible? Porque algunos de sus hijos no sabían
amar y, después de tantos trabajos, la habían despreciado con su indeferencia. Esos ingratos sólo pensaban en si mismos, condición segura de infecundidad a todos los niveles, desde el biológico al espiritual. Ella los quería, los quería más si cabe. Otros hijos la atendían con desvelo y la recordaban al oído: guapa, recuerda que eres inmortal y que tu nombre es familia; la única familia.

José Ignacio Moreno

3.11.04

Ante la aprobación del Decreto Ley que aplica la Ley de Reproducción Asistida

Conferencia Episcopal Española, Madrid, 29 de octubre de 2004.- El Consejo de Ministros ha aprobado hoy un Real Decreto Ley que desvirtúa las mejoras de la reforma de Noviembre de 2003 (45/2003) de la Ley de Reproducción Asistida. Este Decreto permite "producir" embriones practicamente sin restricción alguna, y abre la puerta a la investigación con seres humanos en estado embrionario. Ante esta nueva medida que contradice la dignidad del hombre y su derecho a la vida recordamos algunas consideraciones precedentes sobre este tema:

1. La producción de seres humanos en laboratorio, independientemente de su fin, contradice la dignidad de la persona y es éticamente inadmisible. «La Conferencia Episcopal Española ha denunciado en varias ocasiones la Ley de Reproducción de 1988 como una ley injusta. A su amparo se viola el derecho de los hijos a ser engendrados en el acto fecundo de donación interpersonal de los padres» (Una reforma para mejor, pero muy insuficiente (25-Julio-2003), nº 1).

2. La experimentación con estos seres humanos “sobrantes” de los procesos de fecundación es un atentado más contra su dignidad personal: «El embrión humano merece el respeto debido a la persona humana» (Ibid., nº 4).

«Descongelar los embriones "sobrantes" para reanimarlos y luego quitarles la vida en la obtención de sus células madre como material de experimentación es una acción gravemente ilícita que no puede ser justificada por ninguna finalidad supuestamente terapéutica» (Por una ciencia al servicio de la vida humana (25-Mayo-2004), nº 3.3).

3. «Es previsible un aumento del número de embriones congelados y la reproducción agravada de una situación que ya había creado una cierta alarma social» (Ibid., nº 3.2).

4. La investigación con células madre procedentes de adultos es una alternativa real. Esta fructífera vía de investigación no implica problema ético alguno, y ha conseguido ya resultados que la Iglesia alienta y ve con esperanza.

5. Estos experimentos llevan implícita la aplicación de sus resultados a la clonación con fines terapéuticos. «La verdad es que la clonación reproductiva y la clonación “terapéutica” o “de investigación” no son dos tipos diferentes de clonación: implican el mismo proceso técnico de clonación y difieren únicamente en los objetivos que persiguen» (La Santa Sede a la ONU sobre la Clonación, Osservatore Romano (ed. inglesa) 17-Oct-2004, nº 7). Tanto una como otra atentan gravemente contra la dignidad de la persona.

La conclusión es clara: «por muy noble que sea el fin perseguido, es inaceptable moralmente la producción, manipulación y destrucción de embriones humanos. Nunca se puede instrumentalizar al ser humano. La ciencia y la técnica requieren la ética para no degradar sino promover la dignidad humana» (Nota sobre la utilización de embriones humanos en la investigación sobre células madre (19-Diciembre-2002), nº 5).


Recordar estas exigencias éticas de la ciencia no supone ni recelo ni oposición ante el progreso científico. Es garantizar que la ciencia esté siempre al servicio del hombre y de su verdadero progreso.

2.11.04

Clonación humana: la batalla continúa

Algunos científicos rechazan limitaciones a la investigación

LONDRES, sábado, 30 octubre 2004 (ZENIT.org).- Las limitaciones a la manipulación y destrucción de la vida humana parecen poco firmes frente a los sostenidos esfuerzos de algunos países de ampliar la clonación humana. En el ámbito internacional, la cuestión de la clonación se debate de nuevo en las Naciones Unidas. El año pasado se archivó una propuesta de Costa Rica para prohibir la clonación, pero una vez más aparece en la agenda.

La familia y el árbol de la vida

Lo que hay en el fondo de los ojos de un chaval o de una chavala, en una civilización humana, es el amor entre su madre y su padre. De tal manera que mujer y hombre ya no son dos, sino uno en un fruto común: el amor hecho hijo. Así se cumple, además, uno de los fines del amor: liberarse de uno mismo.

Es verdad que el matrimonio tiene bastante de esfuerzo; quizás en algún momento o temporada se trate de un esfuerzo “quimioterápico”; o si se prefiere: muy duro. Sin embargo, los defectos del esposo y los de la esposa no son contrarios a la familia: los cantos, en la rueda de la almazara, van adquiriendo una forma más pulida y amable, al tiempo que destilan el aceite de la oliva; el aceite que condimenta la vida.

El matrimonio –toda la vida a una carta- es el cepellón necesario para que surja la aventura del crecimiento del árbol familiar. Tal vez no crezca un ejemplar muy imponente. Quizás su tronco puede torcerse y enderezarse de nuevo adoptando una forma más caprichosa. Pero si está bien enraizado, aunque sea chaparro y discreto, puede cuajarse de frutos y ser el árbol de la vida; tal vez el que Dios –en el conocimiento de la historia humana- no permitió que nadie lo tocara.

Si los árboles renuncian a enraizarse; si juegan a disfrutar del bosque, alocados de un lado para otro, terminan marchitándose: sin sabia, sin fruto, sin vida. Puede que alguna vez la familia sea un lugar ingrato que induzca al suicidio. Incluso el hogar puede romperse –habría que ver por qué- y dejar el sinsabor de un funesto destino. Qué resplandeciente puede aparecer una maravillosa aventura romántica prohibida y alternativa al matrimonio, donde esperan –conocidos al milímetro- los límites del cónyuge. Pero optar por la familia será siempre elegir lo más humano; atreverse a la aventura de enamorarse: de entregarse para siempre.

No se puede renunciar a la luz intentando fabricarse atractivos microclimas hechos a la propia medida. Si el árbol -en su frondosa autonomía- no acepta la luz; si no la pide de rodillas, se pudre y se muere: sinceramente pienso que es lo que está ocurriendo en la actual crisis familiar.

Siempre es tiempo de mirar hacia arriba, de reconstruir las virtudes, de buscar con hombría y feminidad el calor de la vida. Así resurgirá la cara del niño gafotas -al que le falta un diente- pidiendo la merienda a su madre, el rostro de princesa de una hija íntimamente querida y el semblante de la persona amada que activa todas las energías del corazón.

José Ignacio Moreno